El vibe design también ha matado el diseño
Durante dos años nos hemos acostumbrado a un velatorio permanente. Cada pocas semanas alguien publicaba el obituario definitivo de nuestro oficio: la programación había muerto, decían, sustituida por una cosa nueva y vagamente vergonzosa llamada vibe coding. Ya no hacía falta entender el código, solo sentirlo. Copiar, pegar, ejecutar, repetir hasta que compilara. Andrej Karpathy le puso nombre a la práctica en febrero de 2025 y el resto de la industria, con ese entusiasmo tan suyo por enterrar profesiones enteras en un tuit, se encargó de convertirlo en sentencia. Aguantamos el chiste con la dignidad que pudimos reunir.
Pues bien. Resulta que el obituario tenía una segunda página, y esta vez la firma no es para nosotros.
Mientras los desarrolladores discutíamos si nos quedaba oficio o solo nostalgia, un ejército silencioso de herramientas ha estado hincándole el diente exactamente al mismo sitio, pero un escritorio más allá. v0, Figma Make, Google Stitch, Lovable. El mismo gesto que nos dejó a nosotros sin excusas para tardar tres días en un CRUD, ahora deja a un diseñador sin excusas para tardar tres días en un onboarding. La lógica es idéntica. Solo ha cambiado la víctima.
No vamos a fingir mucha pena. Pero tampoco hace falta pasarse: esto no es un ajuste de cuentas, es simplemente que la máquina que devora tareas no se detiene a comprobar el título del carné profesional de quien las hacía antes.
El primer cuchillo lo afiló uno de los nuestros
Conviene recordar quién empezó. v0 nació en Vercel, una empresa de infraestructura para desarrolladores, en octubre de 2023. Cien mil personas se apuntaron a la lista de espera en tres semanas, casi todas con perfil de ingeniería. La promesa era escribir un prompt y recibir un componente de React funcional, listo para producción. Nadie lo vendió entonces como una herramienta de diseño. Se vendió como productividad para programadores.
El problema, si se le puede llamar problema, es que un componente de interfaz no es solo código. Es también composición, jerarquía visual, espaciado, tipografía, sensación de marca. Es decir: diseño, aunque salga de una terminal y lo pida alguien que jamás ha abierto Figma. En algún punto de 2024, sin que nadie firmara ningún comunicado, la frontera entre “generar interfaz” y “diseñar interfaz” se disolvió dentro del mismo prompt. Los desarrolladores llevábamos meses insistiendo en que el vibe coding no entendía lo que producía. Puede que tuviéramos razón, pero mientras discutíamos eso, ya estaba produciendo diseño.
La empresa que os vendía el lienzo os vende ahora la salida
Lo verdaderamente incómodo llegó después, y llegó de casa. En Config 2025, su propia conferencia anual, Figma presentó Figma Make: describe una app, adjunta una imagen o pega un archivo de diseño, y el sistema entrega un prototipo funcional, con lógica y todo, sin que nadie tenga que tocar un frame. Salió de beta y quedó disponible para todo el mundo un par de meses después, ese mismo verano.
Dylan Field, su consejero delegado, subió al escenario a tranquilizar a la sala llena de diseñadores: en un mundo con IA, dijo, el diseño importaría más que nunca. Bajó del escenario y su propia empresa presentó una herramienta que convierte una frase en producto terminado, sin pasar por nadie con el título de diseñador en la tarjeta de visita. Lo hemos vivido en primera persona: no hay discurso de “el diseño será el diferenciador” que sobreviva mucho tiempo a la demo del producto que hace el diseño innecesario.
A nosotros esto nos suena. Es exactamente la misma pirueta retórica que hicieron con la programación: “la IA no sustituye a los ingenieros, los libera para tareas de mayor nivel”, decían, mientras el número de tareas de mayor nivel disponibles resultaba sospechosamente escaso.
El diseño también tenía su tarea invisible
Durante años, a los desarrolladores nos costó explicar que programar no era solo teclear. Ahora les toca a los diseñadores explicar que diseñar no era solo mover rectángulos en un lienzo. Google compró Galileo AI en mayo de 2025 y la convirtió en Stitch, integrada con Gemini: describes una pantalla y obtienes variantes completas, con jerarquía tipográfica y alineación de componentes resueltas en segundos. Lovable se posiciona directamente para quien no sabe programar pero quiere resultado visual; incluye un bot con personalidad de diseñador para simular, dentro del propio chat, la conversación que antes tenías con una persona real sentada a tu lado.
La respuesta del sector se parece, punto por punto, a la que dimos nosotros hace un año. Primero la negación: esto es solo para prototipos rápidos, nadie enviaría esto a producción. Después la resignación elegante: bueno, al menos nos libera de las tareas repetitivas para centrarnos en la estrategia. Nosotros dijimos exactamente lo mismo sobre el CRUD y las migraciones. Seguimos escribiendo migraciones.
La primera plaza en cerrar es siempre la misma
El mercado laboral tampoco ha tardado en confirmar el paralelismo. Las vacantes de diseñador junior reciben hoy entre quinientas y ochocientas candidaturas, un número que hasta hace poco solo veíamos en procesos de programación junior. Más de la mitad de los responsables de contratación de diseño dicen tener más demanda de perfiles senior; apenas uno de cada cuatro busca activamente junior. La producción básica, la que antes servía para curtirse, ahora se resuelve con un prompt y una revisión rápida.
A los desarrolladores nos avisaron de esto con dos años de antelación y no le hicimos suficiente caso. La ironía es que ahora estamos en posición de dar el mismo consejo mal recibido que nos dieron a nosotros: especialízate, aporta juicio, que no te pillen haciendo solo la parte que ya sabe hacer la máquina. Un consejo perfectamente correcto y absolutamente inútil para quien necesita el sueldo de este mes, no la carrera del año que viene.
El mismo desastre visual, con otro nombre
Hay una parte del castigo que a los desarrolladores nos ha hecho especial gracia, y lo confesamos sin vergüenza: el diseño generado por IA tiene su propio código spaghetti, y ya tiene nombre de barrio entero, AI slop. Degradado de morado a azul, borde gris de un píxel en cada tarjeta, tipografía Inter, tres columnas de características, modo oscuro que nadie pidió. Un modelo de lenguaje no busca que algo parezca diseñado; busca la opción estadísticamente más probable, y la opción más probable es siempre la más vista. El resultado es una web que se parece sospechosamente a todas las demás webs generadas la misma semana.
Encuestas recientes sitúan en torno a la mitad de los consumidores capaces de detectar contenido generado por IA, y una parte relevante reduce su confianza en la marca cuando lo detecta. A los desarrolladores esto nos suena exactamente al código generado que compila, pasa los tests y aun así nadie quiere mantener. Funciona. Nadie lo quiere cerca en seis meses.
La empresa que os prestaba la inteligencia ahora también os vende el resultado
Hay un detalle que a los desarrolladores nos debería quitar parte de la sonrisa, y conviene no escondérselo a los diseñadores mientras se la devolvemos. v0, Figma Make, Stitch, Lovable: ninguna de estas herramientas fabrica su propia inteligencia. Todas alquilan modelo a los mismos dos o tres proveedores, lo envuelven en una interfaz agradable y cobran por la envoltura. El negocio nunca estuvo en el cerebro. Estaba en el empaquetado.
El 17 de abril de 2026, Anthropic decidió dejar de limitarse a alquilar el cerebro. Presentó Claude Design, dentro de su iniciativa Anthropic Labs: genera diseños, prototipos, presentaciones y contenido interactivo a partir de un prompt, una imagen, un documento o directamente el propio repositorio de código. Se refina con comentarios en línea y edición directa, aplica el sistema de diseño de la marca sin que nadie lo configure a mano, exporta a Canva, PDF, PPTX o HTML, y entrega el resultado directamente a Claude Code para que se convierta en producto funcional sin salir de la conversación. Un responsable de producto de Datadog lo resumió sin medias tintas: lo que antes costaba una semana de idas y vueltas entre diseño e ingeniería, ahora ocurre en una sola conversación.
Aquí conviene pararse un momento, porque la pieza que falta no es una herramienta más compitiendo por el mismo hueco. Es el proveedor de todas las demás decidiendo que ya no necesita compartir el hueco con nadie. Figma, Vercel, Lovable y compañía llevan meses construyendo casas sobre un terreno que no es suyo. Anthropic acaba de anunciar que también quiere vivir en él.
Y si la empresa que pone el modelo, la que además controla el agente que lo convierte en código de producción, decide integrar diseño, prototipo e implementación en el mismo flujo cerrado, ¿qué le queda por vender a los intermediarios que llevan dos años prosperando alquilándole la inteligencia por API? La pregunta incómoda no es si Claude Design va a sustituir al diseño manual: eso ya lo dábamos por hecho antes de terminar el párrafo anterior. La pregunta es si será la última herramienta que necesite existir. La que no solo acaba con el diseño hecho a mano, sino con el resto del mercado que se construyó alquilando temporalmente la inteligencia de otro.
A los desarrolladores nos toca reconocerlo sin demasiado triunfalismo: nuestras propias herramientas favoritas —también rentadas, también dependientes de la misma media docena de proveedores— están exactamente igual de expuestas a esa integración vertical el día que a alguien en San Francisco le apetezca.
No hace falta fingir demasiada pena
Y aquí conviene frenar el impulso, porque sería fácil pero también barato quedarse solo con la revancha. Lo que de verdad demuestra este episodio no es que el diseño fuera prescindible, igual que el episodio anterior no demostró que la programación lo fuera. Demuestra que ambos oficios llevaban dentro dos capas distintas que durante años convivieron bajo el mismo título de trabajo: la capa de producción, mecánica y automatizable, y la capa de criterio, la que decide qué merece existir y por qué. La IA se ha comido la primera capa en los dos casos, con la misma voracidad y la misma indiferencia hacia quién llevaba el carné.
A los desarrolladores nos costó un par de años admitir que gran parte de lo que llamábamos “programar” era, en realidad, producción mecánica disfrazada de oficio. A los diseñadores les está tocando la misma cura de humildad, con la ventaja añadida de que ya la hemos visto pasar una vez y podríamos habérselo advertido con más generosidad de la que recibimos nosotros.
No es que la IA haya matado el diseño ni que antes matara la programación. Ha matado la cómoda ficción de que hacer y decidir eran la misma tarea. A los desarrolladores todavía nos escuece haberlo aprendido primero. A los diseñadores, bienvenidos al club: guardamos sitio, pero no vamos a fingir que la silla estaba muy calentita.
Fuentes
- Andrej Karpathy: "There's a new kind of coding I call vibe coding"(x.com)
- Claude Design | Anthropic Labs(www.anthropic.com)
- Figma releases new AI-powered tools for creating sites, app prototypes, and marketing assets(techcrunch.com)
- Figma Make Is Now Available to All Users(www.figma.com)
- Announcing v0, Generative UI(vercel.com)
- The New Skeuomorphism: How AI Makes Bad Design Look Good Enough(builtin.com)